AGARRANDO CARNE

El Cusco es piedra. Quizás por ello Carlos Olivera, mas habituado a la madera y otros materiales, incursionó hace poco en la escultura monumental en andesita. Nacieron así “Wayra” y “Pachamama”, un canto a los elementos primordiales, y sobre todo “Pachatusan”, un pedazo del ande que se asomó al mar y ahora desafía al tiempo en una de las principales avenidas limeñas.

Tras sentir los latidos de la piedra, el escultor ha retornado más sabio y más diestro a los troncos de aliso, de ciprés, de pino, para reencontrarse son los seres que conforman su mitología personal, como los bicéfalos que ya habíamos visto en anteriores exposiciones. La diferencia es que ahora estos personajes, que antes tenían los párpados cerrados y el semblante adusto de quien está sumergido en su propio mundo, han abierto los ojos y han esbozado una sonrisa.

No es, sin embargo, una sonrisa complaciente sino inquietante, cuestionadora.

Así, ¿no es sabiduría y tristeza acaso lo que esconde la sonrisa de “La novia del olvido”? ¿No es sarcástica, burlona, la sonrisa de “El embrión espiritual”? ¿Qué saben estos personajes que no sabemos nosotros? ¿Qué descubrieron durante su viaje interior que les permite ahora mirar de otra manera el mundo?

El buen arte, en todo caso, no ofrece respuestas. Todo lo contrario. Nos incomoda, nos interroga, nos golpea hondo, se burla de nuestra estrechez de miras. Como las esculturas de Carlos Olivera.

Luís Nieto Degregori





Viernes 11 de mayo
Galería ICPNA
19:00 hrs.



 

ESPACIOS ESPIRITUALES

El arte de Gonzalo Salazar C. es una pintura informal y expresionista al mismo tiempo, impregnada de valores y sentimientos humanos que se proyectan en el observador luego de  un examen atento de sus obras.  El órgano visual no basta para  transmitirnos emociones   si no estamos dispuestos a recibirlas.  Se necesita una cierta sensibilidad  y una tendencia a observar no solo al nivel de los ojos, sino más bien en una interacción de los sentidos.
 
En sus cuadros emerge una melanconía, memorizada  y reconstruida en pura poesía, en el acto formal y  cromático que es la expresión de un sano artificio intelectual.

Gonzalo Salazar es indudablemente un artista, profundamente ligado a la cultura artística de su tierra, invadido de una soledad interior que expresa en casi todas sus obras, con figuras enigmáticas y misteriosas que golpean los sentidos más que cualquier otra figuración.

Si un artista es aquel que, en  la búsqueda de valores trascendentales se desvincula de las ondas de lo cotidiano, esforzándose por identificar un lenguaje comunicativo que contenga y exprese esos valores, es correcto decir que Salazar ha logrado este objetivo

Su pintura nos hace fácil profetizar que las críticas de arte serán cada vez más y que hablarán bien  de este joven artista peruano que en su arte trasmite todo su ser



Brindisi, Italia, dicembre del 2006



                      ALDO SCIALPI
                     Pintor y crítico de arte 






Viernes 08 de Junio
Galería ICPNA
19:00 hrs.



 
AGARRANDO CARNE

El Cusco es piedra. Quizás por ello Carlos Olivera, mas habituado a la madera y otros materiales, incursionó hace poco en la escultura monumental en andesita. Nacieron así “Wayra” y “Pachamama”, un canto a los elementos primordiales, y sobre todo “Pachatusan”, un pedazo del ande que se asomó al mar y ahora desafía al tiempo en una de las principales avenidas limeñas.

Tras sentir los latidos de la piedra, el escultor ha retornado más sabio y más diestro a los troncos de aliso, de ciprés, de pino, para reencontrarse son los seres que conforman su mitología personal, como los bicéfalos que ya habíamos visto en anteriores exposiciones. La diferencia es que ahora estos personajes, que antes tenían los párpados cerrados y el semblante adusto de quien está sumergido en su propio mundo, han abierto los ojos y han esbozado una sonrisa.

No es, sin embargo, una sonrisa complaciente sino inquietante, cuestionadora.

Así, ¿no es sabiduría y tristeza acaso lo que esconde la sonrisa de “La novia del olvido”? ¿No es sarcástica, burlona, la sonrisa de “El embrión espiritual”? ¿Qué saben estos personajes que no sabemos nosotros? ¿Qué descubrieron durante su viaje interior que les permite ahora mirar de otra manera el mundo?

El buen arte, en todo caso, no ofrece respuestas. Todo lo contrario. Nos incomoda, nos interroga, nos golpea hondo, se burla de nuestra estrechez de miras. Como las esculturas de Carlos Olivera.

Luís Nieto Degregori





Viernes 11 de mayo
Galería ICPNA
19:00 hrs.